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  • Roberto Sosa López

1521: La caída

Por Roberto Sosa López


Es un mosaico histórico que expresa con voces distintas y con personajes poco conocidos, el suceso histórico. La obra se presenta en cuatro partes, cuatro entregas con monólogos que articulan la historia desde la ficción. La dramaturgia y dirección son de David Olguín. El texto es el resultado de una ardua investigación y una visión propia de la efeméride más grande para los mexicanos el día de hoy.


1521: La caída. Foto Roberto Sosa López


El trabajo de Gabriel Pascal en el diseño de iluminación y escenografía es sobresaliente; no aparecen las acartonadas pirámides mexicas o los pintorescos paisajes del Valle de Anáhuac. Un árbol plantado en medio del escenario, iluminado magistralmente, es el sitio donde convergen los personajes y sus relatos. Un árbol que simboliza la vida y el paso del tiempo.


En breve entrevista, esto nos dijo sobre su proyecto el creador, director y dramaturgo David Olguín.


-RS. Cuando se conmemoraron los 50 años del movimiento estudiantil y la matanza en Tlatelolco, revisaste y abordaste el tema con una puesta en escena. Hoy se cumplen 500 años de la caída de la Gran Tenochtitlan, exploras la historia con un texto interesante, un proyecto largo ya que se divide en cuatro partes. ¿Desde dónde es la visión, en dónde está el énfasis, en qué te enfocas?


-DO. Es un proyecto que desde el año pasado por octubre y noviembre lo empezamos a pensar y permear Pascal y yo con la idea de responder a la situación presente de pandemia que tenemos, y que permitía convocar a un grupo numeroso de actores –como lo hicimos con “Los habladores”- , bajo la idea de poner el centro del trabajo en un texto sólido y a la vez en el arte del actor, y por otra parte me atrajo mucho el propósito, el fenómeno concreto de la conquista para lograr armar una especie de fresco lo más amplio posible con voces individuales que contaran de manera totalmente poliédrica, desde muchos ángulos el fenómeno de lo que fue la conquista y que habría que poner aquí en duda si fue una conquista o en realidad se está tratando de una rebelión en contra de un imperio. Es parte de lo que yo creo hoy en día, responde también de manera radical, a las visiones maniqueas que están habitualmente sobre el fenómeno de la conquista. En medio de esto emprendí una investigación lo más fundamentada posible; es un tema que ya me apasionaba desde tiempo atrás, conocía lecturas y trabajos de los cronistas del siglo XVI, me zambullí en el asunto, creo que el encierro en el que hemos estado sometidos me dio esa ocasión y así se vino armando el proyecto. De tal manera Roberto que los relatos son mosaicos cerrados en sí mismos, cada uno tiene una idea redonda en sí y al vez ligados empiezan a conformar un poliedro donde entreveran los destinos, desde puntos de vista distintos vuelven aparecer los personajes que se van relatando. Y también lo que quise hacer fue trabajar ante todo con los personajes que habitualmente no aparecen en nuestras revisiones de la conquista; desde luego están Cortés, Moctezuma, el capellán de Cortés Fray Bartolomé de Olmedo, la Malinche por supuesto y Bernal Díaz del Castillo, algunos de los más conocidos, sin embargo hay una galería de personajes. Algunos de ellos apenas se conservaron un gesto, una acción o el nombre mismo y que habitualmente no se les escucha. El primer negro africano que llegó como conquistador a América, Juan Garrido; María de Estrada, al parecer judía, guerrea, militar, española; un capitán tlaxcalteca que son los que cantan victoria, y también personajes ficticios. Normalmente las mujeres en esta historia nunca tienen voz, a mí me importó construir historias que tuvieran que ver justamente con las mujeres, ante todo las mujeres mexicas, y en medio de todo esto animales, los caballos que enlista Bernal Díaz del Castillo en su historia, está el monólogo de una yegua llamada “La rabona” que aparece en esa lista; un guacamayo, una perra, una lebrela que usaban para perrear indios, dioses. Me lancé a tratar de hacer una épica con toda la ambición que ello implica, a sí mismo el entusiasmo que me daba tener la posibilidad de hacerlo.


-RS. Después de ver la obra, con esta visión que nos das ¿el espectador saldría con otra idea de lo que fue la conquista?

-DO. Sí, sí va a ocurrir, es decir podrá poner en cuestión. Descubrí muchas cosas, creo que son apasionantes, espero transmitir ese entusiasmo y por otro lado también algo definitivo. Esa conquista no es resultado de la grandeza europea, no es resultado de un puñado de titanes que llegaron; Cortés era un político impresionante, con una habilidad sorprendente y lo que hizo fue aglutinar el odio que se le tenían a los tenochcas, de otra manera no se explica el odio de los pueblos originarios. No hay pueblo originario en la visión romántica que tenemos a veces, donde todos eran una unidad y que allí está la mexicanidad, no hay tal cosa, creo que no somos eso, somos una mezcla, una diversidad y no se puede contar la historia maniqueamente; yo creo que desde un punto de vista subjetivo, de puntos encontrados, de contrapuntos se podrá contar. Finalizó.


En esta primera entrega participan: Sofia Gabriel Luna(Madame Lázara), Omar Silva (Mictlantecuauhtla), Laura Almela (María de Marcaída), Jorge Avalos(Martín Océlotl) y Daphne Keller (La Rabona). Cada fin de semana se presenta una parte con elenco distinto, las funciones son del 12 de agosto al 5 de septiembre en el Teatro El Milagro.


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1521: La caída. Foto Roberto Sosa López



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