Ni una palabra (o de cómo convertirme en mar)
- Roberto Sosa López

- 25 abr
- 2 Min. de lectura
Por Roberto Sosa
El agua salada del mar le da forma su cuerpo. En un universo onírico aparecen tres mujeres que son una misma. El pasado es presente, los recuerdos viene de su infancia, el abuso, el trauma que la marcó de por vida. Ana es la protagonista que de forma poética reconstruye fragmentos de su niñez; con tres personajes representa a una persona que busca redimirse y transformarse.
Manya Loría escribe el texto, ella es guionista, dramaturga y narradora. Licenciada en Artes Escénicas por la Universidad Autónoma de Querétaro. Maestra en Dramaturgia por la Universidad Nacional de las Artes (Argentina). Es autora de 12 obras estrenadas, destacan “Rocío antes del fin del mundo” y “Ni una palabra (o cómo convertirme en mar), con las cuales fue seleccionada en el Festival de la Joven Dramaturgia en 2019 y 2024 respectivamente.

Su obra representa un universo alucinado, Ana es una mujer en la cual muchas otras se identifican; su dramaturgia está llena de simbolismos que logran que la obra sea poéticamente hermosa. El relato lo ubica en una playa, con imaginación abierta podemos ver la arena y el mar. Loría sabía por dónde llevar la historia y con qué elementos contarla. La progresión dramática es un acierto en su escritura.
Diego Collazo dirige, lo mejor de su trabajo es crear este mundo alucinado por donde transitan los personajes y la historia, conjunta todo lo que edifica el montaje, todo lo que se ve sobre el escenario –que por momentos se ve saturado-; cuida el trabajo de las tres actrices, con cada una trabajó bien el texto, ellas lo interpretan de la forma en que él lo solicitó, el resultado está bien logrado.
Las actuaciones son de Aurora Gonzvel, Fabiola Rojo y Esmeralda Velazquez. Personalidades distintas en un solo personaje, cada una representa un momento en la vida de Ana. Aurora la más joven, lo hace bastante bien, entiende perfectamente su papel, está en la edad requerida; en Fabiola habitan los recuerdos, la atormentan, los confronta, su actuación tiene fuerza. Esmeralda metafóricamente es el mar, las ve y escucha; agita sus aguas, desde lo femenino es la parte emocional.

Ni una palabra, es una obra dramática y poética, llena de emotividad por el tema que aborda y la forma de narrarlo. Es un relato que conmueve (en la función que vi una jovencita sentada cerca del escenario, no paro de llorar toda la segunda mitad de la obra). En la parte musical las canciones de José José me brincaron, mezcla una cosa con otra, lo popular con lo onírico, rompe la utopía.
Diseño de escenografía y vestuario, Majo Miselem; iluminación, Mar Serna; musicalización, Fabiola Rojo; multimedia y programación, Diego Collazo. La compañía Chac Bolay la presenta en La Capilla Teatro los lunes a las 20:00 horas hasta el 25 de mayo.




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