DIOS LE GUARDE SU HORA
- Roberto Sosa López

- 24 jun
- 3 min de lectura
Por Roberto Sosa
Juanita recorre la sierra Tarahumara, escucha una voz que el viento le trae, un secreto; por momentos es como un llanto de mujer, como si escuchara llorar la tierra. El paisaje es árido, su figura se funde entre la niebla y polvo. Un sicario le marca el alto, la Sierra es territorio marcado por la violencia y el crimen organizado. Juanita busca a su ahijado Ernesto, un adolecente que abandonó su casa en busca de apoyo.
En otro punto Ernesto se encuentra con una presencia, Rigoberto, su padre muerto quien regresa como una fuerza que amenazadora, trata de confundirlo, forzarlo hacia la perdición. Juanita y Rigoberto tuvieron un pasado que hoy los atormentan. La Sierra Tarahumara es el escenario donde se entreteje una historia donde muertos y vivos se hablan y reconocen. El relato transita por senderos que guardan hechos verídicos.

“Dios le guarde su hora” le mereció a su autora Blanca López Arzola, el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo Trejo 2025. La dramaturga se inspira en un suceso acaecido en el Estado de Chihuahua, su texto lo articula con elementos que nos remiten al realismo mágico, un relato donde conviven lo real con lo fantástico y lo extraordinario es normal.
La dirección es de Juan Carrillo, su labor es acertada, crea la atmósfera ideal para narrar esta historia; bajo su conducción las escenas se concatenan con la índole que López Arzola le dio al texto; el espectador así lo percibe. Carrillo logra que el teatro suceda sobre el escenario y en el público. La puesta en escena tiene su sello, trabaja realidad desde lo irreal. Todo lo conjunta y articula con su capacidad creativa, la puesta en escena es un ejemplo de su gran talento como director.

Las actuaciones son de Rodolfo Guerrero, Judith Inda, Ernesto García y Omar Silva, pertenecientes al elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro. Cada uno trabaja y construye su personaje desde su propia sensibilidad, formación y capacidad. Guerrero es un hombre muerto, un espíritu que representa violencia y machismo, está en personaje. Su actuación tiene fuerza y rigor. Judith es una mujer gastada por el sufrimiento, busca a su ahijado y se encuentra al difunto. Representa soledad, abandono y el dolor por la familia. Su actuación es poderosa, llena de matices.
Ernesto trabaja una marioneta que lo representa, una dualidad interesante donde el actor nos muestra su habilidad con el títere y así mismo interpreta al personaje. Ernesto -el personaje- es un joven atrapado en una región donde reinan violencia, muerte y desesperanza. Omar es un sicario que protege un territorio dominado por el crimen organizado. Su actuación es verosímil.
“Dios le guarde su hora” al planeta, a este país…a sus habitantes; el futuro no es promisorio. Que el teatro nos guarde la hora para ver obras como ésta, con esta mirada; un teatro sensible, bien montado y bien logrado. Al salir del recinto la sensación es que lo fantástico y lo irreal nos atrapó; nos hizo viajar a la Sierra Tarahumara para conocer estos personajes que aparecen a contar su historia.
Diseño de espacio e iluminación, Tania Rodríguez; vestuario, Adriana Olivera; diseño sonoro, Jorge Valdivia; dirección residente, Marco Vidal. Coproducción del Centro Cultural Helénico y la Compañía Nacional de Teatro. Las funciones son en el Foro La Gruta los martes y miércoles (suspenden 24 y 30 de junio) a las 20:00 horas hasta el 15 de julio.




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