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  • Roberto Sosa López

EL VIENTO EN UN VIOLÍN

Por Roberto Sosa López


Un elemento natural sobre un instrumento musical, el viento arranca sonidos a un violín que vuelan por el aire, provoca notas musicales que se posan en los oídos dispuestos a escuchar. La música viaja y recorre los caminos hasta perderse en el horizonte, quien la escuchó recordará que el viento tiene la virtud de excitar, provocar… estimular los sentidos.


EL VIENTO EN UN VIOLÍN. Foto de Roberto Sosa López

Dora es la sirvienta en la casa de Mercedes; Dario es hijo de Mercedes, un joven que no sabe qué hacer con su vida, deprimido busca ayuda con su amigo y psicólogo Santiago. No trabaja, no tiene dinero para pagar las consultas. Dora tiene una hija enferma, Celeste, quien vive una relación amorosa con Lena, Dora no aprueba la relación.


Mercedes busca que Santiago ayude a su hijo, que le dé empleo en su consultorio, está dispuesta a pagar su salario. Celeste y Lena desean tener un hijo, Diego es el candidato perfecto para embarazar a Celeste. El conflicto es lograr que Diego y Celeste copulen, todo está planeado. “Te la coges y ya...”.


De Claudio Tolcachir (La omisión de la familia Coleman), la obra muestra el complejo mecanismo de las relaciones humanas llevadas al límite. En tono de comedia las situaciones reflejan el vacío emocional de los personajes. El viento en un violín es un título que no tiene relación con la historia; el acierto es la paradoja, los personajes conectan entre sí, lo incoherente es el título.


Cuanta con las actuaciones de Mercedes Hernández (Mercedes), Maha Sanchez (Dora), Assira Abbate (Lena), Ari Sacristán (Celeste), Daniel Mandoki (Dario) y Roberto Beck (Santiago). Un elenco ideal para encarnar a los protagonistas de esta historia. Beck no está aún en su personaje y Celeste gesticula de más, está sobrada; es cuestión de correr las funciones y las actuaciones estarán niveladas. Talento hay, sin duda.

EL VIENTO EN UN VIOLÍN. Foto de Roberto Sosa López

La dirección es de Cristian Magaloni, su labor es acertada, a detalle cuida el desarrollo del relato. Un punto interesante en esta paradójica obra es que Magaloni le da el papel de sirvienta a Mahalat, quien por sus características podría ser Mercedes; y Assira (bajita de estatura) la muestra como una ruda y agresiva lesbiana. Lo cierto es que lo hacen magníficamente. El resultado está bien logrado.


La puesta en escena se adhiere al relato, la escenografía e iluminación (Jesús Hernández) son adecuadas; el espacio escénico se utiliza en forma horizontal, es decir los extremos y el centro juegan y cambian conforme se desarrolla la historia. Giselle Sandiel diseña el vestuario, propio en cada personaje, los viste acorde a su personalidad, buen trabajo.


El viento en un violín es teatro con título ambiguo, como lo son las relaciones humanas. Las personas buscamos el amor dónde sea, en la mayoría de los casos en el sitio y con la persona equivocada, no importa llegar al límite. Un relato que ríe y llora con sus personajes. Comedia y tragedia, la esencia del teatro.


La producción es de Ana Kupfer y Eloy Hernández (QEPD). Las funciones son en el Teatro MILAN los miércoles a las 20:45 horas hasta el 18 de mayo.


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EL VIENTO EN UN VIOLÍN. Foto de Roberto Sosa López


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