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VAN GOGH, UN GIRASOL CONTRA EL MUNDO

En este nuevo texto dramático, Mario Iván Martínez hurga e insiste en los encuentros y desencuentros ocurridos en la turbulenta vida de este genio de la plástica moderna. Asimismo, resalta la figura de la escritora feminista Johanna Bonger de Van Gogh, cuñada de Vincent y heredera de su vasta producción pictórica y epistolar.


Foto Roberto Plasencia Saldaña

En palabras del histrión Mario Iván Martínez, “es innegable que el siglo XXI vive un romance con Van Gogh; todo acerca de él hechiza y conmueve hasta la médula. En el mundo contemporáneo abundan las propuestas fílmicas y los tratados sobre su misteriosa existencia. El museo Van Gogh en Amsterdam recibe a más de dos millones de visitantes anuales. Al mismo tiempo, Arlés, el poblado al sur de Francia que lo expulsó de sus tierras —donde creó algunas de sus obras más memorables—, gira alrededor de su persona: restaurantes y hoteles gritan su nombre como si quisieran expiar la culpa de haber aborrecido a quien hoy se presenta como su hijo predilecto”.


Van Gogh es la representación de quien, bajo el estereotipo de “loco”, fue despreciado a causa de la incapacidad colectiva para mirar más allá de las estructuras dominantes de la razón. Vincent hizo evidente que el delirio poético está lleno de verdad, plagado de belleza y sumergido en una potencia capaz de develar lo invisible a la mirada pragmática.


El autor de la obra también asegura que “este hombre cultísimo, sensible y solitario, hijo de un pastor protestante, llegó a pasar días enteros sobreviviendo con un pedazo de pan fiado y múltiples tazas de café, pintando restaurantes donde no podía sentarse a comer por falta de recursos. Van Gogh no vivió lo suficiente para ver cómo se reconocía su talento, pero tampoco habría podido soñar con que se convertiría en una fuente de inspiración para posteriores generaciones de artistas. Vincent quiso exorcizar el dolor a través de su arte; la pintura fue el impulso vital que le garantizó la redención y su historia es digna de ser contada”.


Inspirado por la experiencia de prestar su voz al documental Vincent, pinceladas de un genio, de Peter Knapp y Francois Bertrand —producido por el museo de Orsay, el museo Van Gogh y el Centro Cultural Tijuana—, el actor mexicano decidió someterse a un exigente proceso de creación literaria para darle seguimiento a esta experiencia. Después de tres años de trabajo, este afán ha desembocado en un nuevo texto dramático que es llevado a escena de la mano de la directora Luly Rede. Cabe resaltar que esta puesta se presentó por primera vez en 2019, interpretada por Paula Comadurán y Fernando Memije. En esta ocasión, Mario Iván Martínez asume la obra en una versión unipersonal.


La temporada se llevará a cabo en el Teatro Helénico, del 2 al 24 de julio —los viernes a las 20:00 horas, los sábados a las 19:00 horas y los domingos a las 18:00 horas—.


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Foto Roberto Plasencia Saldaña




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