UN CUARTO AZUL
- Roberto Sosa López

- 27 feb
- 2 Min. de lectura
Por Roberto Sosa
Es donde se ve cuando tiene pesadillas. Una tina, un baúl y un espejo aparecen en está habitación. Este universo que su mente crea lo habita en sus sueños; evoca cómo se relacionó con las personas, pero sobre todo con su madre. Pensó quitarse la vida, cortarse las venas, pero no es real; del sueño regresa a la realidad y todo le parece divertido; su relato toma otra forma, se encuentra una vez más atrapada en su peor pesadilla.
Su refugio es ella y es también donde peor se encuentra. Batalla contra si misma, dentro del baúl encuentra una muñeca de su tamaño que su imaginación le da vida; le habla y abraza, ahí se refugia, ahí esconde sus miedos. Y de pronto es otra mujer, despierta sonríe de todo lo que recuerda; la pesadilla escala y lo transmite a quien la escucha. El espectáculo por momentos se vuelve surrealista.

Samantha Coronel escribe y actúa este unipersonal y codirige con Laura Baneco. Su texto es poderoso, sacude…perturba. El texto indaga las entrañas de la protagonista, Samantha hace un ejercicio de auto exploración y quizá no sabía lo que se iba a encontrar. Una vez que le dio forma con su pluma lo lleva a la escena. Se viste con un camisón de dormir y nos habla de sus pesadillas. El relato transita entre drama y humor negro.
Junto con Laura Baneco acomodan a Ella en el “cuarto azul”, un pequeño espacio donde habitan sus recuerdos más oscuros, allí donde pensó suicidarse; la travesía es un viaje alucinado que Laura y Samantha recorren junto a la protagonista. Ambas convienen en la propuesta, logran que los trastornos, crisis y perturbaciones que vive el personaje sucedan en el espectador. El resultado está bien logrado.

La actuación es lo mejor de este unipersonal. Samantha Coronel realiza un trabajo memorable, construye, crea, matiza; sube y baja el tono emocional. Su labor no es representar un personaje y repetir el texto, lo vive, lo habita; no finge, hay verdad y honestidad. Su actuación es una montaña rusa de emociones y sensaciones que detonan gracias a su gran talento. Samantha está brutal.
Un cuarto azul es teatro en un espacio íntimo, una caja negra que acerca la dramaturgia y actuación con el espectador. El relato aborda un tema intrincado y ambiguo; Ella se mete a nuestro lado oscuro y le habla al monstruo que todos llevamos dentro, y te sacude. Abre una puerta y se mete el miedo. La cercanía con el personaje es fundamental para que esto suceda, esta obra no tendría el mismo resultado en un escenario grande.
Escenografía, Fernanda García; composición musical y diseño sonoro, Alfonso Olguín; violonchelo, Rogelio Morales. Producción Abraxas Teatro. Las funciones son en la Sala Novo los sábados a las 18:00 horas.




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