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EL TEATRO QUE SE HIZO ANTES DE LA PANDEMIA

Entrevista de Roberto Sosa López al dramaturgo, actor y director Antonio Zuñiga.


Estudio actuación en Casa del Teatro. De Parral, Chihuahua. Vive en Ciudad de México. Zúñiga es dramaturgo, actor y director y con larga trayectoria sobre los escenarios. En 2012, en un barrio de la Colonia Obrera en la capital del país, inaugura Carretera 45, un espacio independiente y alternativo dedicado al quehacer teatral.


Su talento es reconocido en México y en el extranjero. Como autor ha escrito: “La repatriación de Julia Pastrana”, “Matatena”, “El enigma del Serengueti”, “Madero o la invocación de los justos”, “Huellas de personajes ficticios a la luz de la luna realista” “El callejón del sapo”, “Lo que soñé ese día que me quedé dormido bajo el puente” (polémica y controvertida), “Historias comunes de anónimos viajantes”, “Los niños caballero” (conmovedora), “La vieja rabiosa del norte” y “Medea” (su Medea), entre otras más.


Como actor ha participado en: “Los asesinos”, “Un propósito claro”, “Oc Ye Nechca” (Érase una vez), “El sueño de la mantarraya. La isla de Clipperton” y “Noche Árabe” por mencionar algunas. Con Miguel Ribagorda de España y Nelson Valente de Argentina coescribe “Enigma 3D”; en “La epopeya de los recicladores” dirige elencos de México y Colombia; participó como actor en “La gente”, autoría de Juli Disla y dirección de Jaume Pérez de España. Y con Luis de Tavira codirigió “La boda de los pequeños burgueses” de Bertolt Brecht.


Larga y fructífera carrera, sin duda. Aquí sus réplicas a las preguntas formuladas.


-RS. ¿Por qué te dedicaste al teatro?

-AZ. Yo no elegí al teatro, el teatro me atrapó, fue un dejarse ir, dejarme ir hacia sus brazos, hacia su cobijo porque desde que el teatro me atrapó he necesitado de él como se necesita el aire.


-RS. Cómo dramaturgo ¿Qué quieres decirle al espectador?

-AZ. Lo único que necesito es tener con quien hablar -no significa que esté solo en la vida-, quiero decir con quien hablar de la realidad, con quien conversar de los temas importantes, de por qué sale el sol, por qué se mete el sol, de por qué actuamos así o asa; de por qué somos ésta sociedad, el por qué vivimos a veces con la ilusión de ser mejores y siempre con la determinación de ser peores o de vivir peores; de la maravillosa condición en la que estamos como seres humanos, eso que nos hace coincidir en un tiempo y en un espacio. Decirle al espectador que existo, es paradójico porque el creador del drama es el que escribe textos para el teatro, tiene que prescindir un poco de esa intencionalidad omnipresente para darle voz a los personajes, que sean ellos los que hablen, que reflejen sus inquietudes y su vida; es paradójico porque entonces podría escribir poesía para que otros hablen por mí. A través del mundo que se refleja en mis obras, también está mi voz, mi percepción del mundo, mi condición ética y humana, mi propia vulnerabilidad, mi referencialidad de las cosas y del mundo. Mis estudios, mis ignorancias, mi falta de vida y también exceso de vida. Y por supuesto el texto mejor escrito es el que refleja mucho más la esencia de la pluma del autor.


-RS. Hoy con los teatros cerrados ¿Cómo afrontas la inactividad?

-AZ. Leo muchas cosas de teatro. Empecé a estudiar una maestría y me encantó, porque me di cuenta que estamos repasando todo lo que yo había estudiado en la licenciatura, y me di cuenta que es una verdadera delicia repasar los caminos, es decir lo que creía ya conocido, volverlo a ver, volverlo a releer. Es también como la labor del escritor, hacerse de un espíritu de relectura y eso me gusta. Ahora leo muchísimo y me muero de ganas por volver al teatro, pero también alimento esas ganas con ilusión para cuando llegue el día no me falté nada. Muero de ganas por actuar y bueno ya llegará ese día. Un día alguien me comentó: “¿No siente nostalgia del teatro…”? Le dije así de botepronto: “Sí, cómo todos los que hacemos teatro”, pero yo creo sinceramente que cuando regrese a sus brazos…lo voy amar más. Hemos estado con mucha presión, hemos estado mucho tiempo aislados, ya un año, es mucho tiempo para convivir con nosotros mismos, cada quien en su interior, no solo en el interior de su casa, en el interior de sí mimos. Eso produce revoluciones, convulsiones, no es fácil aprender a estar con uno mismo. Yo he utilizado este tiempo para dedicarlo a ese propósito. Y me ha sido muy satisfactorio poder soportarme; creo que de allí parte la convivencia con los demás, porque la mayoría de los problemas del mundo nacen de la incomprensibilidad de uno mismo y de la insatisfacción. Yo estoy satisfecho con la vida, sobre todo estoy satisfecho porque la vida que he hecho es una vida dedicada al teatro y es la vida que el teatro me ha dado. Quisiera seguir teniendo una relación armónica con ése quehacer.


Antonio Zúñiga se desempeña ahora como director del Centro Cultural Helénico, hoy está del otro lado de la mesa, esto nos comentó:


-AZ. Ser funcionario me impuso también muchos retos, muchas cosas que no sabía cómo funcionario al estar en esta trinchera. Puedo decir que también esto es hacer teatro; es tratar de crear vínculos de solidaridad, de compenetrabilidad, de convivencia y también producir, es decir, movilizar esfuerzos para producir resultados que en este caso son valiosos si están inspirados en la necesidad de servir genuinamente, no demagógicamente.


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