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  • Foto del escritorSandra Garibaldi

UN ARTISTA SOCIAL

Por Sandra Garibaldi


¿Un artista? ¿importa?


Paulo Freire, el gran maestro y sociólogo transmisor de la pedagogía de la esperanza, hablaba del proceso educativo como se habla de un acto de revelación, consciencia y libertad: “La educación no cambia al mundo, cambia a los hombres que van a cambiar el mundo” escribió en “Pedagogía del Oprimido”, trabajo que leí durante 2009 mientras me capacitaba para dar clases de arte y teatro dirigidas a escuelas primarias pertenecientes a las zonas más vulnerables de la CDMX.

Suelo pensar lo mismo con respecto a las artes escénicas: no cambian al mundo sino a los hombres destinados a modificarlo; son indispensables para darle sentido a nuestra existencia y se sabe ya que sin el arte y la cultura la experiencia humana carece de sentido pues ambas son materias dirigidas a construir la conciencia y crear las bases necesarias para impulsar el pensamiento crítico, las reflexiones profundas y la traducción del entramado emocional.



Fotos cortesía Sandra Garibaldi

Pese a la condición que ostenta como una de las bases de la experiencia existencial, el arte no soluciona la esencia del mundo. La crisis causada por la presencia de la Covid-19 ha tenido repercusiones devastadoras en las industrias creativas y culturales. En casi todas las naciones, los medios de subsistencia de los artistas y profesionales de la cultura y de centros culturales independientes se han visto gravemente afectados por las medidas de confinamiento y distanciamiento social; según datos aportados por el estudio publicado digitalmente por la Unesco, “La cultura en crisis: Guía de políticas para un sector creativo resiliente”, durante marzo de 2020 se habían registrado ya pérdidas por al menos 7 mil millones de dólares al interior de la industria cultural y el sector había reportado más de 10 millones de desempleados a nivel mundial. El panorama que apunta el momento actual es aún más desolador pues se prevé que la cifra relativa a las pérdidas económicas para el sector llegará a los 160 mil millones en los siguientes cinco años. (1)


La presencia de la pandemia no solo exhibió las carencias y vulnerabilidades de la industria, sino que también mostró las consecuencias estructurales producidas por años de malas políticas culturales, corrupción y abandono reflejadas, por citar un ejemplo, en el hecho de que durante los momentos más graves de la crisis sanitaria, ni la cultura ni sus creadores fueron considerados actividad esencial, ello a pesar de que en México las industrias culturales y de espectáculos aportan el 3.1% al PIB mexicano y emplearon al menos a 1.4 millones de personas durante el periodo 2018-2019, aunque al respecto cabe señalar el impacto negativo en su caída: hace 10 años, en el 2009, la producción cultural llegó a contribuir con 4.0% al PIB (2).


Datos, datos y más horribles datos


Si bien la crisis de la que da muestras la gestión cultural no es nueva, la pandemia generada por la Covid-19 elevó su situación de vulnerabilidad; la crisis sanitaria ha puesto en evidencia lo enormemente precarizada que se encuentra la cultura, espacio sostenido con alfileres que, al igual que todas las instancias del planeta, tuvo que hibernar o implementar sus actividades desde la virtualidad pero que en México, dada la frágil y endeble estructura sobre la que se mueve, evidenciando abandono no solo en lo tocante a artistas y trabajadores del sector sino también en la creación y fortalecimiento de nuevos públicos, ha vivido momentos profundamente desalentadores.

El panorama al interior de las Artes Escénicas mexicanas tampoco se encuentra en un buen momento, su situación es ya alarmante. Con el objetivo de reunir información sobre los intereses y consumos culturales de la población mexicana, la “Encuesta Nacional sobre Hábitos y Consumo Cultural 2020” que diseñó y publicó la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM (Cultura UNAM) demuestra que, si bien antes de la pandemia acudir a presentaciones de teatro generaba sólo un 23% de interés entre la población en general (al mismo tiempo que el teatro es la actividad menos practicada con tan solo el 4.9% de las preferencias culturales) hoy día, el panorama es aún peor: ver teatro en línea fue una de las tres actividades señaladas por los encuestados como menos atractivas (87.4% no lo vio o lo vio menos de una hora).El desinterés fue mayor en hombres jóvenes, con escolaridad baja, sin ingresos o ingresos bajos. Los encuestados que dedicaron más de 5 horas al teatro, representaron solo el 0.5 por ciento del total (3).


La pandemia mostró con crudeza la verdadera dimensión de la crisis por la que atraviesa el sector para la mayoría de los trabajadores de la cultura en México: un panorama plagado de profesionales informales, sin honorarios ni contratos regulados que tampoco pueden acceder a seguridad médica o social y que cuentan con mínimos estímulos fiscales y económicos. Al final del día es indiscutiblemente duro reconocer cómo los trabajadores de la cultura hemos tenido que recurrir al subempleo para sufragar gastos y necesidades apremiantes. Sin embargo, seguimos siendo artistas y seguimos aquí, resistiendo.


¿Por qué entonces seguir haciendo teatro?


Dentro de la inminente eliminación de las fronteras disciplinarias en las artes escénicas, estas desde su origen deben transformarse, todo ostenta posibilidades para apoyarse la hibridación. En el presente de las prácticas artísticas las disciplinas se fusionan y los límites se diluyen. La pandemia representó un claro ejemplo de hibridación digital y de cómo se crearon nuevos registros adquiridos por las disciplinas en sus múltiples formas, organización y sustentabilidad.


La digitalización ha llegado lo queramos o no. El arte y el teatro ya no son los mismos. Ahora, la cultura se produce en red. La antropóloga y especialista Lucina Jiménez menciona en su ensayo Artes Escénicas y confinamiento. Una reinvención necesaria que “las artes vivas son campos fértiles pues generan empleo, forman parte de ecosistemas productivos y movilizan junto con otros sectores económicos y de servicios, grandes impactos en industrias como es la tecnología”(4), sin embargo habrá que tener muchísimo cuidado, puesto que es evidente que un país con amplias desigualdades puede abonar aún más a la brecha formada tanto por la falta de recursos para acceder a la tecnología, como por la falta de acceso a nuevas tecnologías, hechos que también pueden generar enormes brechas de desigualdad. Habría que crear una digitalización más inteligente, socialmente responsable. Implementar redes tecnológicas, sí, pero también redes humanas que de manera participativa robustezcan su dimensión social.

Es necesario que un artista se replantee su vinculación con la red social y el ente comunitario, que deje atrás los elitismos individuales y/o colectivos basados en supuestos necesarios para crear, por ello yo propongo a un acto escénico capaz de dejar de lado su “artista” dejarse de esquemas reduccionistas y por supuesto dejar de pensar en él.


Regresar al communitas, es decir, al encuentro horizontal, representativo y colectivo; aquel sagrado, único y liminal que solo es el encuentro escénico, de donde nació el teatro, ese evento en común donde la representación se convierte en un amplificador de las problemáticas sociales y al mismo tiempo, en una intermediaria para acceder a las soluciones cotidianas de la vida.


La Communitas del arte escénico ayuda en la estructuración de creencias y, junto con la transformación a partir de la realidad social, fomenta la construcción de lenguaje y pertenencia. El artista, a través de ello, se convierte en el motor mismo del cambio social: se instaura como un Artista Social(5).


Arte social (ARTE SOCIAL VINCULANTE)


Según la historiadora, curadora de arte contemporáneo e investigadora en arte social Ingrid Suckaer, “un artista social es alguien que es parte artista, parte agente de cambio social, parte facilitador y parte visionario. El artista social recurre a la práctica artística, la dinámica de grupo y las ideas creativas para facilitar el cambio”(6).


El Arte Social (lejos de la relación político social basados en ideologías comunistas los cuales imponen criterios totalitarios en las formas de pensar y crear) denuncia el contexto histórico actual, pues señala la respuesta creativa a una serie de injusticias o vicios sociales. Ello puede ser considerado como una alternativa a mostrar la verdad y la realidad social y mostrarse como una alternativa de discurso contra los abusos del poder y del Estado; el arte social es denuncia pública, alude a la visibilización de minorías y denuncia la corrupción, las injusticias de género, raza, sexo y preferencia.


Teatro callejero, teatro comunitario, acciones colectivas y comunitarias se caracterizan como el primer impacto de reflexión y conciencia; desde el arte se busca la sinergia social, la activación del espacio público y su transformación. El Arte busca fortalecer los lazos rotos debido a graves crisis sociales. El arte se convierte en un bálsamo pero también es el gran potenciador de cambio y desarrollo personal y colectivo, representa una guía de salida a una nueva opción de vida y a una nueva alternativa laboral.

Un artista como sujeto de cambio es capaz de transformar las problemáticas sociales, enunciar propuestas indispensables sobre su condición y subsistencia y por medio del arte, reflejar el día a día de sus habitantes con el fin de mejorar su calidad de vida. Además de su trabajo artístico cotidiano,los artistas sociales se caracterizan por contar con amplia conciencia las condiciones del entorno y el contexto que permea la comunidad en donde vive o viven los consumidores de su obra; el vínculo personal y profundo prioriza su discurso y el bienestar común es parte de su meta. Los artistas sociales aportan su arte y método junto con su habilidad para generar un cambio real, concreto y permanente, manejan su obra como un lienzo que aporta un cambio a nuestra realidad social, lienzo muy comprometido pues requiere de un profundo respeto por la otredad a partir de la empatía, la co creación y la participación comunitaria.


El arte social mejora las capacidades humanas, busca construir una sociedad basada en los principios de democracia, desarrollo sostenible, valores y derechos humanos universales, protección ambiental, justicia social, igualdad, soberanía y dignidad de todos los pueblos en el mundo (4).


En el periodo post-pandemia que indefectiblemente se avizora, convertirse en artista social es necesario, pues su trabajo se apoya en el otro, conlleva capacitación, exigencia, práctica constante y apoyo de y para una comunidad.


Hoy nos queda claro que en cualquier tipo de crisis (económicas, sociales, emocionales y ahora lo sabemos, sanitarias) la clave de resolución es la mediación comunitaria, el micro comercio, las micro redes de apoyo. El otro es la respuesta, y la solución.


El empleo de las artes escénicas es trascendental para adquirir nuevas herramientas de convivencia y diferentes estrategias encaminadas a la construcción de una sociedad orientada vocacionalmente a facilitar la vida comunitaria.

La mejor manera de prever el futuro es re aprendiendo la realidad presente: poner las ideas en práctica comunal: intervenir, compartir, mezclar.


Por ello es fundamental repensar las artes escénicas como un medio y no como un mero entretenimiento, que sean indispensables para la transformación social, donde se pretenda específicamente desde la práctica comunitaria generar condiciones de cambio, desde el mejoramiento del entorno colectivo hasta el reforzamiento de las relaciones interpersonales a través del arte y el teatro.


El teatro no cambia el mundo, sólo es el acto de expresarse el que da sentido a la vida misma.

Directores de escena, coreógrafos, creativos y sobre todo actrices y actores son ya artistas sociales y hábiles facilitadores, pues añaden a su trabajo creativo una comprensión del proceso y el uso de las artes en su práctica. Por lo regular los artistas sociales son creadores plásticos, visuales y/o transdisciplinarios, músicos, poetas o actores que deciden usar sus habilidades para ejecutar programas dirigidos a poblaciones con alguna problemática social. En este contexto, el Teatro Comunitario cobra particular relevancia como uno de los lugares posibles para devolver la experiencia a mujeres y hombres a partir de la recuperación de toda una tradición basada en la oralidad, el baile y la recuperación del cuerpo como espacio personalísimo de lucha y protesta. Otros más son visionarios, pues aún sin tener la debida “capacitación” se hallan convertidos en promotores culturales y de derechos humanos y laborales que obtienen sus habilidades artísticas y de facilitación a través de la práctica continua que da el trabajo comunitario.


Los artistas sociales poseen habilidades clave: escuchan con esmero, hablan desde el corazón y están íntegramente presentes. Son catalizadores para la innovación y la acción en nombre de la sociedad. El siglo XXI requiere el tipo de habilidades creativas de liderazgo que los artistas sociales ofrecen.

El objetivo de los grupos es mantener viva la memoria de los acontecimientos que tuvieron lugar en los sitios de pertenencia, contar una historia y relatar lo vivido.


Para encaminar el presente hacia ese punto específico, la comunidad haya sentido en los procesos artísticos enfocados en el desarrollo social, pues además del bienestar emocional, buscan una implicación directa en el desarrollo y vínculo comunitario; ayudan a observar las complejidades del comportamiento humano; promueven nuevas dimensiones sociales y culturales que aumentan la autoestima, la cultura de paz y generan distintas maneras de convivencia, acercamiento y pertenencia. El Arte es cambiante, inclusivo, equitativo y resiliente, y el Teatro es ello, la continuidad y la esencia de lo humano.


Debemos sentirnos orgullosos de ser artistas; el Arte no es solamente producto estético para exhibir, se encuentra en relación permanente con el crecimiento de una sociedad, se despliega en todas las etapas de la formación individual y en todos los espacios posibles de la sociedad para hacer la vida cotidiana más sensible, inteligente, profunda y a fin de cuentas, humana. Debido a su condición de carácter naturalmente outsider, el Arte se halla acostumbrado a reinventarse, adaptarse a otras disciplinas y sobre todo, a sobrevivir…el arte evoluciona, educa. Sublima.


Nuestra responsabilidad: generar emergencia.

Construcción de nuevas escenas sociales: emergencia de formas de creación, producción, conocimiento y aprendizaje.

Crear proyectos concretos para generar acciones pertinentes que logren fomentar nuevos espacios de reflexión y conocimiento; dialogar con estas vertientes y convertirlas en metodología híbrida, donde la Educación Artística y la exploración de diversas técnicas y expresiones escénicas promuevan la generación de saberes, reflexión, análisis e investigación como un instrumento eficaz para la comprensión y la búsqueda de alternativas a problemas sociales e interpersonales desde sus implicaciones pedagógicas, sociales, artísticas e incluso terapéuticas.

Emprender, crear, gestionar y planear no debería basarse solamente en la aplicación de presupuestos sino, sobre todo, en la capacidad de generar esfuerzos que garanticen la propia sostenibilidad de dichos proyectos, su existencia a futuro y el que logren ser independientes de sus gestores iniciales o creativos de primer impulso.


Los espacios públicos e independientes no deben desconectarse de la tradición local y la realidad social.


Haciendo Teatro


La educación artística contribuye al desarrollo de competencias cognitivas, socio-emocionales, intelectuales y creativas, fortaleciendo relaciones y posibilitando el reconocimiento a la diversidad cultural. El teatro es el gran potenciador del desarrollo de la personalidad. A través de las artes escénicas, se propone transformar al espectador (tradicionalmente conceptuado como ser pasivo) en protagonista de la acción dramática (sujeto creador), estimulándose a reflexionar sobre su pasado, modificar la realidad en el presente y repensar el futuro.


Para que este impacto pueda intervenir genuinamente y signifique un cambio real en la forma de pensar o de relacionarse con los otros, es necesario generar en el individuo confianza y compromiso. La equidad es más importante aún: sólo puede construirse a largo plazo a través de espacios de

cooperación y participación. Así, las artes escénicas fortalecen las relaciones interpersonales, la identidad y el sentido de pertenencia promoviendo competencias socioemocionales y cognitivas básicas para el desarrollo comunitario: habilidades sociales, capacidades psicomotoras e intelectuales, formación integral: predomina la libertad, tolerancia, respeto y democracia; desarrollo de experiencias promotoras de crecimiento: descubrir el placer de hacer cosas y estar con los otros. No existe imposición o autoritarismo -sin embargo, existen reglas- se fortalecen conocimientos prácticos y teóricos de las diferentes disciplinas artísticas que conlleva el reconocimiento tradicional y cultural.


En esta, la era de la democratización/polarización de los medios culturales de todo cuño, se hace necesario que todos, en tanto participantes activos del entorno social, nos integremos a la dinámica de la producción creativa, social y artística.


La pregunta prudente en este momento debiera ser ¿qué pasa cuando una crisis de características globales empuja al creador a buscar una vía de financiamiento más estable y duradera para su propio proyecto? ¿Qué ideas pueden convertirse en proyectos artísticos culturales sostenibles? ¿Cuáles son las estrategias de producción cultural más adecuadas en contexto de crisis? ¿Cómo pensar en nuevas formas de creación y producción artística desde la colaboración y la participación comunitaria?

Participación colaborativa


El eje de esta propuesta metodológica, tiene que ver con voluntad y una organización adecuada y a la vez con la filosofía del trabajo colaborativo y la horizontalidad y redistribución de contenidos y conocimientos.


(1) Ensayo. La cultura en crisis: Guía de políticas para un sector creativo resiliente, ” Análisis para la UNESCO, 2020.


(2) El Economista. Ana Karen García. Sector cultural aportó 3.1% al PIB nacional en 2019; confirma tendencia negativa, 20 de noviembre del 2020: https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/Sector-cultural-aporto-3.1-al-PIB-nacional-en-2019confirma-tendencia-negativa--20201120-0036.html


(3) Encuesta nacional sobre hábitos y consumo cultural 2020. Análisis cualitativo y estadístico, UNAM, 2021: https://www.comecso.com/wpcontent/uploads/2021/02/1_4963111740213559559.pdf


(4) Jiménez, Lucía. Artes Escénicas y confinamiento. Una reinvención necesaria. Revista Este País, 2020: https://estepais.com/impreso/349_mayo_junio_2020/artes-escenicas-y-confinamiento-unareinvencion-necesaria/


(5) La educación artística como área fundamental una reflexión pedagógica, 2019:https://nodoarte.com/2017/11/23/la-educacion-artistica-como-area-fundamental-unareflexion-pedagogica/?

fbclid=IwAR2r611uy_g3m2ajNw8mipdZ9IDVa6XGwbJZMYoLEgDjHRUnpPMNMTaQIQ


(6) Suckaer, Ingrid. Arte Social.Extracto del ensayo en preparación. Sistema de Apoyos a la Creación y Fomentos Culturales. Ed. Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, INBAL, 2020.


(7) De Sous, López, Corina. ARTE Y CULTURA POST-COVID Una visión general sobre el arte y la cultura de nuestros tiempos para afrontar las consecuencias del COVID-19, 2020.


(8) Falzari, Gastón. La comunicación teatral comunitaria: “La obra como estrategia”Centro Cultural de la Cooperación Floreal Godini: https://www.centrocultural.coop/revista/11/la-comunicacion-teatralcomunitaria-la-obra-como-estrategia.

La primera de dos entregas de UN ARTISTA SOCIAL de Sandra Garibaldi.



Fotos cortesía Sandra Garibaldi

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